La tarde en el pueblo de Domingo Ortega con tintes toledanos, terna y ganadería, no dejó indiferente al respetable ni a los profesionales. Tarde importante, de matices y de lecturas. Tarde para el recuerdo sobre todo para el de Pepino, pues aunque esté en el escalafón inferior y le queden dos novilladas por delante antes de tomar la alternativa el día 11 de septiembre, ya le estamos viendo en matador de toros por sus formas. Simplemente está en el escalafón de novilleros con picadores, porque aún no ha pasado el expediente del doctorado. Rufo es una adelantado en un escalafón que no le corresponde. Tres faenas de diferente calado por la condición de los novillos y una oreja en cada uno de su lote que pudieron ser más, por el fallo con la espada, le posiciona en una situación privilegiada, pero también de máximo compromiso. Aunque le queramos medir en calidad de novillero, ya le estamos viendo y juzgando en calidad de matador de toros y con aires de figura para regentar todas las grandes ferias.

Por otro lado, Lorenzo tuvo que defender su estatus de matador de toros, y sobre todo lo hizo en el quinto sacando toda su artillería pesada. Cortó dos orejas.

El primero, muy con la sangre Núñez en las venas, respondió de salida a su estirpe. Frío y desentendido. Tras salir del caballo y en el capote de Andrés en el tercio de banderillas, el toro no dijo nada. Tras brindar Lorenzo al respetable, rápido le supo coger el pulso al de Alcurrucén por el pitón derecho, aunque este, no terminó de romper en la muleta. Por el pitón el izquierdo más de lo mismo. Cerró la faena con la diestra. Pinchazo y estocada caída.

El segundo de Lorenzo, también se las trajo de salida con la frialdad característica de este encaste. Tras el encuentro con el caballo, el toro seguía sin enterarse y en banderillas, fue complicado. Todo quedaba en manos del matador de cara al último tercio. La técnica de Lorenzo estuvo al servicio de la faena, pues con la muleta siempre puesta en cara pudo ligar los muletazos por ambos pitones. Quizá la faena no tuvo el eco suficiente en los tendidos, pero sí para el aficionado que supo ver las dificultades del toro. Cuando Álvaro quiso abrochar la faena con la diestra, lo hizo acortando distancias con la planta erguida. Las luquecinas fueron el punto y final antes de fallar con la espada en el primer intento. Los varios intentos con el descabello le privaron del posible trofeo.

El tercero de Lorenzo, quinto de la tarde y del hierro de El Cortijillo, tuvo buen son de salida. Permitió la expresión en cierta medida de Lorenzo con el lance fundamental. Tras el encuetro con el caballo, Álvaró apretó los dientes e hizo un quite por saltilleras. El toledano sacó toda la artillería pesada con el último de su lote. Lo cuajó por ambos pitones haciendo gala de la buena técnica que le atesora y le apretó de firme desde el inicio de la faena, pero la intensidad de la faena llegó en el último tramo toreando al natural aunque el toro estuviese algo más parado. Al toro por momentos le costó pasar, y Álvaro tuvo que aguantar esos parones poniendo en juego los muslos y la femoral. Las postrimerías no faltaron para poner el broche final. Estocada

Con un novillo frío de salida, Rufo fue capaz de sacárselo a los medios con el lance fundamental; la verónica. El murmullo ya crecía en el tendido…Tras el encuentro con el caballo, el de pepino realizó un quite por chichuelinas. Tras el tercio de banderillas, el brindis al respetable era prácticamente de compromiso con la tarde. La faena, gozó del privilegio de la cabeza de Tomás, pues el novillo fue muy mentiroso al empezar embistiendo para que Rufo torease de rodillas al hilo de las tablas con la diestra. Esa fue la entrada de la faena. El nudo y el grueso, el toreo al natural, dibujando carteles de toros. Tomás sintió el toreo con la izquierda y eso es palpable en todos los sentidos, y el desenlace, cuando puso el broche toreando sin ayuda con la zurda encadenados con los cambios de mano. Aunque el toro fue mentiroso, sus embestidas tuvieron buen son. El colofón lo puso con la espada tras pinchar en el primer intento.

El segundo de Rufo, con más caja, pareció salir con menos recorrido de salida pero con cierta brusquedad. Eso era un apunte de cara al último tercio. Tras el encuentro con el caballo, el quite por parte del novillero se hizo presente. Con la muleta, Tomás hizo embestir al novillo por las buenas o por la malas y lo hizo por ambos pitones. Le costaba repetir y no tenía continuidad, aunque al hacerlo, lo hacía con todo. El de pepino abrochó la faena acortando distancias, y dónde las zapatillas queman de verdad. Firmeza y crédito de cara al día 11 de septiembre. Pinchazo y estocada algo delantera.

El tercero de Rufo y último de la tarde, fue recibido de manera inusual. El de Pepino tiró de registro, y el saludo capotero lo hizo por chicuelinas por la condición del novillo. En el caballo, vuelta y vuelta, osea crudo, para realizar acto seguido un quite por tafalleras. Em banderillas quizá hubo capotazos de más, pero por la condición del cierraplaza. El novillero en una declaración de intenciones para rematar la tarde, brindó al respetable. «Toledano» fue un novillo poco lucido para el último tercio. Con todas y con esas, Tomás lo consiguió meter en la muleta y le pegó fiesta pero sin excesos por ambos pitones. O siendo lo mismo, no le sometió para evitar que el animal cantase la gallina o perdiese las manos. El novillo embestía por inercia. Estocada.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Boróx. Toros y novillos de Alcurrucén.

Álvaro Lorenzo. Ovación, ovación y dos orejas

Tomás Rufo. Oreja, oreja y oreja