Marcado en rojo desde hace varios meses, volvía Talavante y lo hacía tras tres largas temporadas ausente de los ruedos en un marco incomparable, el coliseo Romano de Arles. Y no defraudó a nadie, ni Talavante ni un arrollador Roca Rey.

La tarde era especial, el aforo casi al completo tras quitarse la restricción, una decoración espectacular ‘magenta’ del artista Diego Ramos y la Orquesta Chicuelo de Arles envolviendo de magia el ambiente antes de comenzar. En el ruedo se vio al mejor Talavante, con esa zurda de oro, ese temple y esa forma de vaciar y templar los toros. Su cumbre fue en el quinto, un gran y bravo toro de Garcigrande premiado con la vuelta al ruedo y que dejó expresarse en plenitud al extremeño. Roca Rey, al igual que Talavante, cortó 3 orejas, estuvo poderoso, entregado, enrazado y es que el del Perú no se deja nunca ganar la batalla. Se topó con otro toro de vuelta al ruedo de Cuvillo y le arrancó las 2 orejas tras un estocadon de libro. Lo peor, los dos sin fuerzas de Adolfo Martín.

Saltó ‘Arreado’ de Garcigrande al ruedo de las Arenas de Arles para la reaparición de Talavante, quien dejó un lúcido recibo capotero principalmente con unas chicuelinas muy acompasadas y despaciosas. Se arrancó el Garcigrande con alegría al caballo sin colocar las dos veces. En el quite hizo acto de aparición Roca Rey mostrando sus credenciales de que no iba a ser un convidado de piedra. Sin pasmarse se pasó al toro a milímetros del cuerpo con chicuelinas y tafalleras. Talavante no se quedó atrás y le contestó con el capote a la espalda. También impasible. Mucho mérito. El toro tenía motor pero a la vez un punto de mansedumbre que se manifestó en la muleta. Talavante brilló con luz propia. Estatuarios iniciales con ayudados por bajo y un trincherazo antológico. Al natural se encontró cómodo. Figura erguida, muñeca suelta, toreando con la cintura y dando los frentes. Una delicia. En redondo había repetición y mucha ligazón pero el toro decía menos. Un final por manoletinas ajustadas terminó de encumbrar la obra. Pinchazo y estocada entera. Oreja.

El segundo de Garcigrande fue encastado pero le faltó fuerza, esto hizo de Roca Rey pasara desapercibido con el capote. Cumplió en varas, sin que se le diera en exceso. La faena de muleta fue de menos a más. Empleó el temple el peruano para ir afianzando al Garcigrande. Tenía muchas teclas que tocar. Si le bajaba la mano en exceso se caía y si no se la bajaba ganaba el toro. Se impuso Roca a base de raza y valor. Desengañó al toro y tiró de él. El final de la faena tuvo mucho mérito. Se pegó un gran arrimón sin importarle por donde andaban los pitones, ni los parones. Llegó mucho a los tendidos incrédulos de ver cómo se la jugó el del Perú. Una gran estocada puso la rúbrica. Oreja.

Actuación importante de Talavante con el primero de Adolfo. Un toro serio de presentación y de embestida. Fue muy bravo en el caballo, empujando con los riñones y colocando la cara abajo. Talavante hizo el toreo muy puro y caro. El de Adolfo llegó con una embestida muy mexicana y el extremeño lo cuajó. No pudo ser la obra perfecta, ya que cuando iba a estallar la faena el toro perdió las manos en tres momentos claves. Ausencia de toques, esperando que el toro metiese la cara, toreando con la cintura y corriendo la mano con despaciosidad y temple. Al natural dejó varios para el recuerdo y en redondo un gusto exquisito. Estocada casi entera. Ovación con saludos.

El cuarto de la tarde, también de Adolfo Martín, fue protestado durante la lidia debido a su justeza de fuerzas. No pasó nada destacable en los primeros tercios. Roca Rey tenía la papeleta de dar la vuelta a la tortilla y mantener al Adolfo. De menos a más fue aplicando técnica y oficio para que el de Adolfo fuese a más. Lo mejor fue al final. Una conseguida, no sin esfuerzo, tanda de naturales provocando al toro y tirando de él y luego una en redondo. El público nunca llegó a entrar en la faena. Estocada baja. Silencio.

La obra cumbre de Talavante llegó en el quinto. El de Garcigrande fue a más y permitió ver al Talavante más entregado, seguro y reposado. Lo cuidó en los primeros tercios para después gozarlo en la muleta. El toro tuvo mucha movilidad y recorrido faltándole clase. El extremeño volvió a reverdecer los brotes que lo encumbraron a la cima del toreo. Firmeza de plantas, girar talones, colocación perfecta y el muñecazo reventando al toro atrás de la cadera. La ligazón como base. Y es que Talavante es de los más puros del escalafón. El natural talavantino ha vuelto y lo hizo para hacer rugir las Arenas de Arles. Ese toreo con la cintura, mentón en el pecho, correr la mano y meterse en los terrenos del toro. Por la diestra y por la zurda. El final de faena por bernardinas de infarto. Gran estocada. 2 orejas. Vuelta al ruedo al toro.

Espoleado salió Roca Rey tras las dos orejas de Talavante. Fue un huracán el peruano desde el inicio. Recibió al de Cuvillo con unas chicuelinas ajustadas ganándole los medios que pusieron la plaza a revienta caldera. En el quite, uno marca de la casa. Capote por detrás y citando de espaldas pasándoselo a milímetros. El de Cuvillo fue noble y encastado con transmisión y emoción y lo aprovechó Roca. La muleta poderosa del peruano hizo de soga al de Cuvillo. La faena a más. La ligazón y la cercanía fueron la pauta de la faena grande. En redondo llegó el mejor momento. Encadenando pases sin quitársela de la cara. Pases ajustados. Muy entregado. El arrimón final fue antológico, como antológica fueron las bernardinas y las ‘luquecinas’ que sirvieron para cerrar la faena. Con la espada, un cañón. 2 orejas y vuelta al ruedo al toro.

Ficha técnica:

Plaza de toros de Arles. Segunda de la Feria del Arroz. Casi lleno.

Toros de Garcigrande (1º, 2º y 5º), Adolfo Martín (3º y 4º) y Núñez del Cuvillo (6º). 1º movilidad y transmisión, 2º encastado, 3º enclasado, 4º sin fuerza, 5º ‘Bandolero’ número 121 premiado con la vuelta al ruedo por bravo y 6º ‘Rosito’ número 161 premiado por bravo con la vuelta al ruedo.

Talavante. Oreja, ovación y 2 orejas.

Roca Rey. Oreja, silencio y 2 orejas.