Fiel a su cita, Sevilla se engalanó para despedir su Semana Santa con la tradicional corrida del Domingo de Resurrección, dónde todos los toreros sueñan con verse acartelados y que en este año se estrenaban en dichas lides dos espadas sevillanos, Pablo Aguado y Juan Ortega. Junto a ellos estuvo Morante de la Puebla, mermado físicamente por la tremenda voltereta sufrida 24 horas antes en la gaditana localidad de la Línea de la Concepción. Por desgracia se volvió a cumplir el refrán, “Corrida de expectación, corrida de decepción”.

De la ilusión al sopor, acrecentado por una tarde bochornosa en Sevilla, por los astados de Juan Pedro Domecq. Una corrida de desigual presentación y nulo juego, dónde dos astados fueron devueltos a los corrales y que crisparon los ánimos del respetable.

Morante no se pudo lucir de capa en el toro que abrió plaza, que embistió con la cara alta de salida. El de Juan Pedro recibió dos puyazos contundentes. El de La Puebla, que llegaba tocado por una lesión en el hombro, comenzó con bellos ayudados por alto la faena y siguió con una tanda con la derecha que precedió a una excelente al natural. En la siguiente, el de Juan Pedro protestó más y Morante cambió a la diestra, rematando una faena medida con momentos de enorme calidad. Vivió un instante de apuro en el primer pinchazo porque el toro le hizo hilo contra las tablas y dejó una estocada en el siguiente intento.

El cuarto toro fue devuelto y en su lugar salió un sobrero muy ofensivo de Virgen María que no le permitió hacer nada de capa por su comportamiento brusco y violento. Morante planteó una lidia decimonónica con la muleta, comenzando con muletazos agarrado a las tablas y abriendo al toro con muletas por alto que recordaron faenas de Joselito. El toro no ayudó nada y el de La Puebla tuvo que abreviar.

Juan Ortega toreó bien a la verónica al segundo de la tarde y también se lució en un quite por chicuelinas de mucha sevillanía. Llevó el toro al caballo con dos chicuelinas y media. Pablo Aguado entró en quite y se lució por chicuelinas y en el remate a una mano. Se lució en banderillas Abraham Neiro y Ortega brindó al público. Se llevó al de Juan Pedro a los medios y el toro protestó y no empujó lo suficiente en su embestida. El sevillano lo intentó por los dos pitones sin lucimiento. Mató de buena estocada.

El quinto tampoco fue un toro colaborador. Ortega no pudo lucirse de capa y en la muleta se encontró con un animal muy limitado con el que nada pudo hacer. Mató de pinchazo y estocada. Fue silenciado.

El tercero de la tarde se partió una pata al rematar en un burladero y fue devuelto a corrales. El sobrero propició un magnífico recibo a la verónica de Pablo Aguado en el que fue ganando terreno hasta la boca de riego, donde remató con bonita media. Bien picado por Mario Benítez, el toro llegó a la muleta sin emplearse y Pablo lo intentó por ambos pitones sin lograr que la faena levantara vuelo. El de Juan Pedro era reservón y no facilitaba la labor. Silencio.

Aguado salió en el sexto con ganas de dar un vuelco a la tarde y se empleó con el capote logrando verónicas de buena factura. Morante entró en quite propiciando uno de los momentos más bonitos de la tarde. Toreó muy bien la verónica el cigarrero y cerró con media de cartel. Replicó Aguado con lances suaves y dos excelentes medias de remate. Y ahí quedó todo porque el toro llegó sin entrega ni emoción a la muleta. Pablo lo intentó sin resultado.

FICHA:

Se lidiaron cinco toros de Juan Pedro Domecq -tercero sobrero-, y un sobrero -cuarto- de Virgen María, bien presentados y de juego desigual.

Morante de la Puebla, ovación y silencio.
Juan Ortega, ovación y silencio.
Pablo Aguado, silencio y silencio.

Abraham Neiro y Perico saludaron en banderillas.

Lleno de ‘no hay billetes’.