El campo bravo sevillano está de luto por la muerte de Diego Curiel, ganadero que durante los últimos años trabajó para mantener viva una de las procedencias más conocidas de la provincia de Sevilla.
Curiel se hizo con la ganadería de los Herederos del Conde de la Maza en 2018. Desde entonces, llevó las reses hasta su finca Escardiel, en Castilblanco de los Arroyos, donde comenzó un nuevo proyecto con la intención de conservar esta sangre y seguir trabajando con ella.
Durante estos años fue aumentando poco a poco la ganadería. Actualmente contaba con unas 160 vacas de vientre y siete sementales. Su objetivo era seleccionar los animales y mantener las características de esta procedencia.
Diego Curiel tenía además varios proyectos para el futuro. Uno de ellos era dar el salto a las novilladas con picadores. De hecho, tenía preparado un encierro para llevar sus utreros a Francia durante este año.
Pero su trabajo no se quedaba solamente en la ganadería. Escardiel también se convirtió en un lugar donde jóvenes que quieren dedicarse al mundo del toro podían acercarse al campo. En los últimos meses, por ejemplo, recibió a alumnos de la Escuela Taurina de Guadalajara, que pudieron participar en un tentadero bajo la dirección del matador Ángel Puerta.
La muerte de Curiel llega en un momento importante para su ganadería. Después de varios años de trabajo, el proyecto empezaba a acercarse a las plazas y estaba a punto de comprobarse el resultado de todo lo realizado en el campo.
Ahora queda por conocer qué ocurrirá con la ganadería de Escardiel y con las reses que Diego Curiel dejó preparadas. Lo que sí queda es el trabajo de un ganadero que decidió apostar por una sangre histórica y dedicar los últimos años a intentar conservarla y devolverla a los ruedos.














