Foto: Canal Sur.
Como es tradicional en esta plaza, saludó la terna de arte tras el paseíllo, también sonó en Himno Nacional de España. En primer lugar se lidió un toro de Olga Jiménez para Morante de la Puebla, que poco pudo hacer de capa, dejó. Le costaba un mundo al animal embestir, todo era a regañadientes y se lo tenía que sacar el cigarrero. Gustó una primera tanda por el derecho, a partir de ahí la faena fue una amalgama de delicados e inteligentes pases, sacando lo poco que había. Se puso complicado para matar y pinchó Morante en dos ocasiones. Lo mató de una media estocada -algo trasera- a la tercera entrada.
Juan Ortega dejó un saludo capotero para guardar en la retina, fueron solo un par de lances, pero… ¡qué estampa! Recibió al segundo -éste con el hierro de Hnos. García Jiménez- sentado en el estribo y por verónicas. Ya en pie dejó un ramillete, por el mismo palo, de buena factura. Y un quite por tafalleras que fue una delicia. Con la muleta cambió la película; dibujó Juan pasajes muy bonitos, por temple y estética, pero el toro era muy soso, no decía nada. Lo mejor vino al inicio, poco más. Se atascó con la espada.
Verónicas primero y delantales después… una delicia de Pablo Aguado, que buen toreo de capa dejó. Hubo una verónica, aprovechando las inercias del toro, que duró una eternidad. Con la muleta, tras brindar al respetable, se puso de rodillas para firmar un inicio que tuvo más de disposición que de ejecución, no por él, sino por el toro de Álvaro Núñez, un toro en el que la falta de casta era su primor. Ahí quedó todo. El toro bajó la persiana, hizo cuerpo a tierra y ya no se levantó más. Fue apuntillado en el ruedo sin llegar a entrar a matar, no había manera de poner en pie al astado.
Ahora sí puedo lucirse Morante con el capote, primero en un saludo por verónicas a pies juntos y luego en el quite por chicuelinas. Con el capote dejó una faena muy templada, con momentos de gran belleza, tenía la oreja en la mano, pero el fallo a espadas dejó todo en una ovación, que recogió antes de abandonar la plaza al tener que viajar a Bilbao, donde torea este sábado.
¡Qué genialidad la de Juan Ortega en el quinto! El sevillano se explayó de principio a fin, pero lo de la faena de muleta fue otra historia. El resurgir de la mejor versión del trianero, que levantó la tarde. Inició la faena de rodillas, llevando al toro hacia los medios con mucha torería. Desde ese instante, la plaza se entregó y Ortega fue creciendo a base de temple, inspiración y personalidad. La emoción en la labor alcanzó su punto máximo toreando el diestro al natural, mandando en la embestida con suavidad y ligazón detrás de la cadera. La profundidad de los muletazos y el arrebato del sevillano terminaron de conquistar al público almeriense. Lo mató de estocada casi entera y el palco otorgó las dos orejas del tirón, y la vuelta al ruedo fue despacito, como su toreo.
El sexto tuvo una condición rara y un posible defecto en la vista. Pablo Aguado tiró de paciencia y firmeza para arrancarle los muletazos de uno en uno. sin regalar nada el de Matilla, el sevillano fue imponiendo su temple y su voluntad a la embestida. A base de insistir, logró que el animal rompiera poco a poco en la muleta, aunque nunca le regaló nada. Estocada y oreja de ley.
FICHA DEL FESTEJO:
Almería. Viernes, 28 de agosto de 2026. Segunda de la feria de la Virgen del Mar.
Entrada: Lleno de «No hay billetes».
Toros de Olga Jiménez (1º), Hnos. García Jiménez y Álvaro Núñez (3º). Bien presentados pero de escaso juego, faltos de raza y casta.
- Morante de la Puebla, silencio tras aviso y ovación con saludos.
- Juan Ortega, ovación y dos orejas.
- Pablo Aguado, silencio y oreja.
Incidencias: Sonó el Himno Nacional de España tras el paseíllo. Saludó Iván García tras parear al tercero. Morante, bajo permiso de la autoridad y los compañeros de terna, abandonó el ruedo tras la muerte del cuarto al torear el sábado en Bilbao y tener que cruzar España de punta a punta.














